 El día se anuncia movidito. Hemos quedado con el famulio para pasar el día en la costa y comer en un chiringuito en Castell de Ferro, en el que comimos nosotros dos el año pasado -Chiringuito Essencia-. A primera hora y tras suspender la clases de abdominales nos ponemos guapos -afeitado, ducha etc- y emprendemos camino. Le sugiero a Raquel no coger la autovía y recorrer la vega de Vélez; además aprovechar para parar en Vélez de Benaudalla para desayunar fuerte. Unas tostadas y un café con leche sentados en la terraza de uno de los bares de la calle principal que nos ponen el cuerpo a tono. Raquel está sopesando incluir este pueblo en la lista de futuribles destinos de vacaciones, cuando se cumpla el previsible alquiler de los Cortijuelos y nos veamos sin nuestra casita de verano piscinero. En Vélez localiza una urbanización que tiene sus piscinas, su gimnasio, y en la que los apartamentos parecen bien equipados y cómodos; no es una mala opción. Desde Vélez conducimos hasta Almuñécar, donde aparcamos en la calle paralela a la del Mercadona. Hemos quedado en esa zona con el famulio, que se desplaza desde Otura con Jorge de invitado sorpresa. Por fin nos juntamos en una terraza del paseo de la playa, unas cañas y caminamos un rato por las callejuelas de Almuñécar, muy chulas por cierto -merecen más atención-. Hace un día radiante, pero caluroso, así que no está la cosa como para turistear aleatoriamente y optamos por poner la proa en dirección al lugar elegido para comer, el Chiringuito Essencia en la playa de Castell de Ferro. Dejamos los coches en un parking cercano y nos presentamos en el chiringo antes de la hora. Nos instalan en una mesa cómoda y damos comienzo al festín. Fritura de pescado; rica rica. Sardinas a la brasa; pasables. Paella de marisco; muy bueno el arroz. Vino blanco, cervezas, etc. Un pedete moderado y hala, cada cual a su casa. Un día divertido pero inquietante. Raquel no pasa ni una, a la mínima me taladra con la mirada y yo ya no sé cómo comportarme. No sé, tengo un poco de temor incipiente e indefinido. Yo quiero vivir con ella, pero creo que ella se está planteando lo de seguir conmigo; no encuentro otra explicación. Bueno, no me rindo. Antes de regresar a Orgiva pasamos por el Mercadona de Motril a comprar básicos que necesitaremos para sobrevivir el sábado y el domingo en el cortijo, parapetados dentro de la casa, arropados por los ventiladores y devorando tele y móvil. |