D33- Al Castillete de Orgiva
martes, 24 de junio de 2025

Lo prometido es deuda, y subir al Castillejo de Orgiva Tablones ya empezaba a ser una especie de obligación, dado el tiempo transcurrido desde que pensé que era una gran idea visitar el paraje; la presencia de Jorge hacía más viable todo el asunto. No estaba claro ni la dificultad ni lo que pudiera encontrarse una vez en la montaña. ¿De qué hablo? Hablo de subir al paraje que uno se encuentra poco antes de acceder a la vega del Guadalfeo a su paso por Orgiva, poco antes de cruzar el puente de los siete ojos. En un recodo de la carretera hay un cartel de ésos que señalan la presencia de un lugar de carácter histórico, que bien puede ser una ruina o incluso un yacimiento a ras de suelo; no se sabe hasta que no se visita.
A primera hora nos preparamos en modo montañero y nos desplazamos hasta la zona. Dejamos el coche en una explanada que hay a pocos metros del cartel antes mencionado, en una explanada en la que siempre hay media docena de coches aparcados, allá, en la mitad de la nada, donde no me explicaba qué hacía ahí -y que me sigo sin explicar, aunque tengo mi hipótesis-.
El Castillejo - Puesto de Vigilancia. Siglos X y XI.
El sendero no existe; hay múltiples senderos, supongo que hechos por el ganado, las cabras y tal. A trancas y barrancas ascendemos hasta donde podemos; en algunos puntos las probabilidades de resbalón son altas, pero tenemos suerte y no sufrimos percances. El lugar es agreste. Hay un par de muros a medio caer que seguramente se correspondan con el emplazamiento del puesto de vigilancia, pero hay ausencia total de indicaciones, carteles explicativos y ese tipo de cosas. En menos de una hora subimos y bajamos. Por cierto, en el lugar donde hemos dejado el coche hay un mural de tipo turístico en el que señala que desde allí parte un sendero minero que asciende hasta las minas; tiene pintaza y yo me lo apunto en la sección de movidas pendientes para cuando sea posible.
Regreso al cortijo. Con Raquel visitamos el Consum para comprar provisiones; el menú diseñado por la nena requiere unas chuletas de cerdo ibérico a las que ella había echado el ojo un par de días atrás. Y también compramos un poco de todo, y volvemos al cortijo a pasar el resto del día, en plan relax total.
Hay un poco de todo. Hay baños en la piscina. Hay amaiketako en el porche. Hay comida de primerísima calidad. Hay sesteo y hay paz y amor.
Las chuletas ya son legendarias: selladas en la sartén y finalizadas durante 10 minutos en el horno, cubiertas con papel de aluminio y colocadas amorosamente sobre una cama de patatas previamente cocinadas. Un festín que ya mismo deseamos repetir, sólo es necesario encontrar unas chuletas a la altura de las orgiveñas; probaré en las tiendas de ibéricos...
Un buen día de vacaciones.
En la cama estamos viendo una serie sueca, Los crímenes de Haparanda, en el original sueco Vargasommar que viene a significar "Verano de lobos". Nos está gustando bastante.

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© Zalberto | enero - 2026