 Me doy el placer, merecido, de hacer el zángano a manos llenas, sin control ni culpa. A primera hora salgo a caminar con destino San Ignacio / Sani; sobre las diez entro en casa con paso decidido y sobaco marcando sombreado camiseta. Tachón me ha dejado sobre el mueble con sobredosis de imágenes los dos objetos que fui a buscar: el pez de Patri y el CD de Okume. Lo del CD va a ser un pequeño problema: no dispongo de dispositivo reproductor; pero da igual, estoy encantado. El pez mola un huevo. Regreso a Santutxu en metro pues ya empieza a hacerse notar el verano del 25. Antes de subir a casa entro al BM a comprar los elementos para comer: muslos de pollo y lomo adobado; también cosas variadas como queso fresco, jamón york, lechuga, etc. Estaba previsto que el pollo lo quemase Raquel, pero el trabajo telemático le absorbe y le deja sin tiempo para tareas insignificantes; me encargo. El pollo se deja para mañana; hoy lomo y purrusalda (los puerros que compré ayer en la frutería). Las horas hasta el momento de cenar tortilla francesa con queso de burgos se pasan en modo ocio total, repartiendo el tiempo entre el móvil, el PC y la tele. Muy bien. Estamos viendo una serie española, Los sin nombre, que va de movidas un poco paranormales, que es sabido que a mí no me ponen mucho, pero qué se le va a hacer. |