 Un día bien aprovechado. Al poco de levantar hemos extendido las esterillas para poner el pensamiento en calma y saludar al día. Luna llena y mente en sintonía. Hay diversos planes, entre ellos comer comida sencilla a base de patatas cocidas y tofu, entre ellos rematar pequeñas tareas de pintura en la terraza, Raquel una mano de pintura color Rojo China a la mesita plegable y yo retoque y restauración en los soportes del toldo mecanizado -la roña no es tolerable como componente estructural, sí acaso como detalle arquitectónico, pero no es el caso-. Con la buena sensación instalada en el cuerpo decidimos darnos una alegría y salir al centro a compras y placeres; compras en el Corte Inglés, donde la nena ha propuesto echar un vistazo a las fundas de colchón para usar una en el nuestro, que se deshace a ojos vista y tomar algo por Ledesma o así. Y todo funciona como un reloj atómico. En la visita a la planta textil elegimos una funda por casi 60€, de calidad superior; de paso, en la sexta, compramos medio kilo de café etíope y dos latitas de vicio gatuno, jeje. Salimos al calor del verano, enojoso y sudoroso, y cruzamos hasta el bar Ledesma, en Ledesma, a echar un zurito con pincho -yo me meto una pulga gigante de pechuga de pollo y Raquel un bilbainito-. Dado que queremos extender más en el tiempo el holgar, Raquel propone coger el metro y tomar algo en el barrio... Metro Santutxu. Ascensor al Carmelo y rabas en el Sorgintzulo; perfecto. Y ya a casa, que no procede seguir dando vueltas a lo tonto. Un poco de vino blanco, otro poco de patatas con huevos cocidos, tofu, queso y aliños orégano, AOVE y más movidas. Una siesta y una felicidad sencilla: una maravilla de sábado, paz y amor. |