Tren a Zalla
domingo, 17 de agosto de 2025

La vida como una de vaqueros de serie B; en ese plan, pero en una atmósfera irrespirable, en la que la culpa distorsiona las imágenes y colorea de toda la gama de grises el paisaje y emborrona el libre pensamiento. Algo así eran los sentimientos y las emociones, que tengo entendido que son cosa parecida; similar.
He necesitado dejar pasar varios días para remontar en las laderas de la memoria y enfrentarme a mí mismo desprovisto de todo el miedo posible; son las 19:09 del martes 19, y la herida cicatriza lentamente. Los pensamientos han recorrido el camino desde la idea de la muerte hasta la idea de la muerte pero cuando toque. Hay algo en mí que se rebela y que revindica mi manera de pensar y de actuar, o solo de actuar, que viene a ser lo mismo. Sí, me revindico y defiendo mi legado, mi pasado, mi presente y mi futuro. Defiendo mi tiempo, el único que existe.
He necesitado echar la vista atrás, hasta el principio de Alberto, para entender porqué estoy aquí conociendo los momentos, las personas y los retos superados. Es el cúmulo de batallas ganadas y perdidas -y las terminadas en tablas- lo que da sentido a todo; esquivar los golpes y enfrentar las dificultades; todo para comprender la lógica de la construcción de la armadura y la evolución en el manejo de las habilidades sociales. La niñez, la adolescencia, la tierna juventud, la arrebatadora juventud, la inmadura juventud, la madurez incipiente, la calvicie, el falso amor, la familia, la madurez a secas, el bouffé delirant, la infidelidad, el frenesí, la separación, el desconsuelo, la forjada madurez, la edad ociosa, el amor sereno, al aroma del descanso; todo ello aderezado con personas y personajes, malos y no tan malos, y muy escasos buenos, y casi ninguno bueno bueno. Así va la vida y así hay que entenderla, no es sensato juzgarla: siempre hice lo que sentí mejor, mejor para mí y mejor para los míos, mientras fueron míos, incluso después.
¿Cómo me siento ahora? Me siento mejor, no bien, solo mejor.


Pues sí, hemos ido en tren, en el que une Bilbao La Concordia con La Calzada, en Valmaseda, y nos hemásos apeado en la estación de La Herrera, entre el apeadero de Bolumburu y la estación de Valmaseda. El plan ha sido propuesta de Raquel; le atraía el buen recuerdo de hace unos días, cuando subimos a conocer el castro de Bolumburu, y le atraía la idea de caminar junto al Cadagua y echar un aperitivo en el chiringuito tan acogedor que vimos aquella vez, cuando bebimos cerveza y picoteamos unas patatas de Los Leones. Un buen plan, que se cumplió en lo esencial, pero falló en los detalles previstos, jeje. Lo de apearnos en La Herrera tenía porqué: desandar hacia atrás el sendero pedestre, recorrer la zona de Bolumburu, echar una caña y comernos el bocata de tortilla que preparamos en casa antes de salir, y coger el tren de regreso en la estación de Zalla o en alguna otra de las cercanas; pero la cosa no salió como estaba previsto.
Confundimos la estación de La Herrera con el apeadero de Bolumburu, y al descender nos percatamos que por allí no transcurría el sendero de marras. Pero no nos amedrentamos y tomamos la decisión de seguir un bidegorri que corría paralelo a la carretera; con acierto: al poco vimos una desvío por el que nos incorporamos a la senda buena. Guapamente. Llegamos al chiringuito: cerrado. Vaya por dios. Dio igual: nos comimos loa bocatas de tortilla de chorizo, pero con agua de la cantimplora. Cachis.
Nota destacada. Un número inesperado de personas de origen andino se congregaban en las áreas recreativas aportando suministros festivos, como para preparar un jolgorio colectivo. Algo bastante insólito, tanto que opté por preguntar qué celebraban. Unas muchachas nos lo explicaron: «no celebramos nada, simplemente nos juntamos para pasar el día y disfrutar». Esas no fueron sus palabras, pero sí fue el mensaje. Insólito y bonito.
El caso es que dejamos atrás la estación de Ibarra y continuamos hasta Zalla, buscando un bar para beber y mear. Estaba todo en modo vacaciones de agosto; por suerte dimos con un bar, el Bar Rowlan, y pudimos dar rienda suelta a nuestras necesidades: cerveza, patatas fritas y meada.
Y el caso es que por allí los trenes pasan cada hora y para el próximo aún faltaba casi la hora, en fin. Buscamos otro bar, otra cerveza, otro pincho y otra visita al excusado. En fin también.
Tren a Bilbao. Metro en Abando a Santutxu. A descansar. A comer arroz de Raquel con pollo y sofrito de tomate, buenísimo. Y descansar de nuevo. Y poco más. Un día en verdad difícil, áspero, sumido en la congoja y el dolor; y la incertidumbre.
Son tiempos que es mejor dejar pasar sin apurarse y confiando en que después de la tempestad llegue la calma...

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© Zalberto | enero - 2026