1ª rutina yóguica
2º blanqueo en cocina
miércoles, 20 de agosto de 2025

Levantados de buena mañana nos hemos acomodado -es un decir, jeje- sobre la esterilla, quizás podemos decir que «nos hemos acolchado», con la idea de poner en práctica la rutina de posturas que Raquel ha preparado para que se adapte a mi bisoñez yóguica. Y sin excusas me he dejado llevar, a pesar de la pereza que me da ponerme a hacer retorcimientos tan de primera mañana.
Lo he gozado. Eh, y no tenemos que olvidar el sufrimiento originado en las agujetas inesperadas que florecen en zonas inexploradas; pero bueno... bien.
He pasado a limpio las anotaciones a mano alzada que ha escrito y descrito la chavala, para que no se pierden en su mundo prolijo y permanezcan en el mío pretendido como paradigma del orden cotidiano.



Al terminar con las oraciones yóguicas me ha dedicado a mis labores intelectuales y las hogareñas. He salido a comprar ciertos elementos que iba a necesitar en el momento en el que me pusiera manos a la obra con la ñapa de repintar de blanco la pared principal de la cocina; brochas y pinceles. He visitado la tienda de pinturas de la callejuela donde CamaNueva y he pillado una brocha pequeña al precio de 2,10€; brocha que más tarde quedó relegada al banquillo de las brochas -es lo que hay-. De camino por esa zona he visitado la tienda de chino premium que está a mitad de calle Santutxu y he comprado otros pinceles, como más de óleos y acuarelas; pinceles que se han arremolinado alrededor de la brocha 2,10€; me han costado 3,5€. En fin. Lo más positivo ha sido entrar al PrimaPrix y comprar perlas de aroma y un bolsón de croquetitas para Indi.
El tiempo se me echaba encima y prioricé la elaboración de la comida y dejar para la sobremesa las tareas pictóricas.
Ensalada Alberto: lechuga batavia, rúcula, cebolleta, pipas de girasol. Presa a la plancha. Una deliciosa comida, e insuperable, no existe el restaurante que te ponga en la mesa unas elaboraciones de tal magnitud, de tales sabores; orgiástica jamada. Un apalanque hasta eso de las cuatro y poco, cuando Raquel abandona el nido para ponerse guapa y salir al mundo a tomar aire.
Raquel se ha ido: es el momento de comenzar con la pintura. Son las 5 de la tarde, y tengo tiempo suficiente por delante. Al poco de estar estampando pintura plástica monocapa decido llamar a Raquel y sugerirle que de la cena se encargue ella, que traiga algo sencillo, algo que no requiera usar la cocina, por razones obvias. Me contesta con tono alegre: está de parrandeo con Esther y Nerea, por aquí y por allí, y disfrutando entre risas y carcajadas, y confidencias femeninas. Me encanta y tomo la decisión de no parar hasta haber terminado de dar un buen repaso a toda la zona.
He desmontado todo el escenario, he pintado por todas las esquinas y todos los recovecos, y he recolocado cada cosa en su lugar. Me ha quedado de diez, porqué no decirlo, así soy yo, modesto y sencillo, un artista sin parangón; jeje.
He cenado Hummus con Grisinis y me he acostado a descansar este cuerpo maltrecho. Los fuegos artificiales me han servido de nana y me he quedado frito en medio del zafarrancho de pólvora; un placer. Raquel ha llegado a eso de las once, en muy buen estado, mejor de lo que esperaba; qué bien. Y me ha hecho unas mimos que me han sentado mejor que cualquier medicina psicotrónica; es lo que hay.

#rutina - #yoga - #pintura - #cocina

© Zalberto | enero - 2026