Naoko, Reiko, Midori, Esther, Nerea y Raquel
1 comentario jueves, 28 de agosto de 2025

Ahora es un buen momento para liquidar el registro y pasar a otras cosas. Hace unos minutos, sobre las siete de la tarde, ha llamado Raquel para contarme que Nerea estaba con Esther en Urgencias, supongo que en las de Basurto. Parece ser que la Tata de nuevo está padeciendo una taquicardia, una angustia de origen y destino indefinidos, desconocidos más bien. Raquel, por supuesto, ha salido disparada para allá, normal. Así que aquí me quedo yo, sin una visión clara del futuro inmediato, las opciones son pocas, las hay buenas y las hay malas, y por mi tendencia al optimismo -algo que con los años se ha ido mitigando, pero de esto ya hablaré en otras líneas- me inclino a aventurar que todo tiene pinta de ser un ataque de pánico idéntico a los que ya ha sufrido en los últimos tiempos, unos cuantos por cierto.
Las chicas aspiran a que lo que le ocurre a Esther sea de categoría fisiológica, tipo "un algo en las arterias o en el corazón, o un desequilibrio hormonal o una carencia de vitaminas o minerales"; en ese plan. No entiendo porqué ese enfoque les parece más benigno que el que yo siempre propongo -una similitud con los agobios recurrentes que sufre Terín, pero de esto también ya hablaré en otro momento-, que se orienta hacia la calidad de la vida que lleva la chavala y a su filosofía personal tan extraviada y tan desequilibrada. Que quede claro que yo me atengo a los síntomas, algunos muy videntes, llamativos más bien. Incluso Raquel ya se ha dejado caer recientemente con comentarios del tipo «¿la Tata ya le contará a su psicóloga que le pega a la priba como si estuviera muerta de sed recorriendo el desierto de la existencia?». El alcohol. Suelo decirle a Raquel que Esther, para dar un paso firme en el camino hacia una mejoría, hacia una vida más feliz y sosegada, es necesario que aparque la bebida, al menos durante un período que permita evaluar resultados. Esto yo lo veo imposible, es más, si está tarde o esta noche le dan el alta, no me sorprendería que al salir del hospital se fueran las tres a celebrarlo con unas cañas, o unos vinitos, o un gintoni; sin control, así es la cosa. Esta es mi opinión: en este famulio se abusa mucho mucho mucho del bebercio, y, se quiera aceptar o no, el alcohol siempre pasa factura, y destroza vidas. Yo me juego lo que sea a que del hospital saldrán propuestas de visitas a especialistas del corazón, a pruebas y analíticas, a cualquier cosa menos a... lo dicho. Y la más obcecada, por lógica estadística, seguro que es la propia Esther; y si no... al tiempo.
Que conste que me considero una persona perfectamente preparada para tocar este tema, por ser un politoxicómano de manual, por ser el peor cuando de beber sin control se trata. Pero también soy el único del grupo al que he escuchado alertar por el peligro que nos acecha; yo, desde luego, nunca le he oído algo en esa línea a Esther, o a Jorge, en fin, a nadie, es lo que hay. Y que conste que yo llevo ya una temporada que no me apetece nada hacer planes con el famulio por esta razón: porque todo gira entorno a emborracharse con alegría y desenfreno -como el pasado viernes 15, que todo terminó como el rosario de la aurora, y como muchas otras veces-. Siempre que hemos "peleado", siempre hemos estado bien borrachos, de un nivel de pedo de ésos que al día siguiente no recuerdo casi nada, o aunque lo recuerde, qué más da. Con la camarilla ocurre otro tanto; y lo mismo cuando Nerea y JuanLuis nos proponen quedadas para comer o en ese plan. En todos los casos el eje de los planes es... las bebidas alcohólicas: las cervezas, los vinos, los cavas, los vermús, los combinados, los chupitos de hierbas, el alcohol. Es lo que hay y yo empiezo a estar harto; con lo bien que se está con un buen libro y buena música, o dando una vuelta disfrutando de la gente, tirando fotos, visitando museos, cosas sanas y enriquecedoras. Pero no, esto no va por ahí, esto va de ir de bares, siempre de bares, sólo de bares; es así, y si nos reunimos en una casa es más de lo mismo, se hace acopio de líquido elemento y a gozar. Es lo que hay y sí: yo estoy bastante harto. Raquel sabe que estoy harto, pero sabe que si lleváramos adelante un tiempo sin alcohol sería imposible quedar con el famulio o con la camarilla, inviable totalmente; y yo también lo sé, y ¿cuál es la solución? ¿qué hay que hacer? ¿beber hasta enfermar? ¿cómo Esther?. No sé, yo no lo veo, y me gustaría que fueran los mayores, Jorge y Esther, los que abanderaran el cambio de paradigma. Me gustaría, pero sé que es una tontería esperar algo por ahí. Y lo chusco de esta situación es que en ningún hospital van a llevar el asunto por este camino, y es lógico ya que la realidad no se trata, se evita, se elude, se oculta, no se comenta, se minusvalora; mil veces le oído a Esther negando la mayor, mil veces. Así que, aquí estamos, estancados en el cenagal de siempre.
Somos todos muy listos, y un poco bastante borrachos.

#esther - #urgencias - #taquicardia

comentarios
1alberto 
29/08/2025 7:25:06
Nota del año pasado tal que hoy...
[...]
pero se me ha interpuesto Terín al llamar a Raquel para informarle de que «estoy en las últimas».
Obviamente mi Raquel se ha preparado de súbito y ha salido al rescate. Por cierto, a Terín no se le escapa la vida a consecuencia de alguna enfermedad del cuerpo sino del alma; ni más ni menos. Raquel ha regresado al cabo de casi dos horas con gesto de «no le pasa nada nuevo»; lo que yo decía, sin más.

© Zalberto | enero - 2026