Jueves, otra vez
jueves, 28 de agosto de 2025

{escribiendo el 31 a media tarde, con los recuerdos ahí pero no tanto}
El despertar cuando una morcillita se acerca a mi oreja derecha y me dice "Mié" no se puede mejorar. En un primer momento me apetece cero levantarme a atender al gatito, pero esa pereza me dura unos minutos; me levanto y me siento bien ocupándome mi vida en mi churrusquito precioso. Cepillado y juegos con su cuerda favorita; y desayuno. Pongo la cafetera y me instalo en mi «punto de engorde» a supervisar el universo telemático.
A las ocho... abdominales con Maite; mi nivel de esfuerzo lo voy subiendo poco a poco, para no arriesgar la recuperación de la operación de las hernias. Las chicas no me comprenden, pero me la suda. Maite nos cuenta que Pixie ha amanecido con una patita coja y restos de sangre por el cuerpo y que se queja y bufa; alguna pelea o vaya usted a saber. Poco después nos pasa un foto del chaval sentado en el alfeizar de una ventana con aspecto de haber superado el mal trago; sustos gatunos.
Sin darnos un respiro montamos el tenderete y practicamos una hora de Yoga. Me gusta, lo disfruto, me viene bien, ¿qué más se puede pedir?. Es una práctica compleja en la que el progreso es lento, pero no tengo prisa. Raquel es una instructora muy competente, me tiene paciencia y se nota que disfruta con ello -lleva una temporada poniéndose metas nuevas y va a por ellas con determinación, y a mí me encanta que se comporte de esa manera, me encanta-.
Así que una vez bien despiertos el cuerpo y el espíritu, me aseo y me largo con viento fresco. El plan de esta mañana es ir al Mercadona de Bolueta dando un paseo, mochila azul al hombro, disfrutando del tiempo otoñal que hace estos últimos días, dejados atrás los calores excesivos.
En el camino, a la altura del polideportivo de Churdinaga/Txurdinaga, me he encontrado de pronto con Santi Mier, Toño Pastor y su perrazo. Hemos charlado unos minutos, las típicas tontadas mías y tal y cual. Les he visto bien, me han comentado que llevan dos años de prejubilación, jeje, son unos cachorros aún; en fin.
En el Mercadona he comprado cosas clásicas del lugar, nada urgente, pero me he cargado la mochila hasta los topes y aún he pedido bolsa de plástico para meter lo que cabía en la mochila. Bolsa de kilo y medio de pienso para Indi, dos chismes de hacer yerba gatuna, grisinis, hummus variados y tsatzikis, paquete de pechuga de pollo fileteada y más movidas. Tanto equipaje pedía a gritos regresar a casa en metro...
En casa. Ordenar las compras. Hacer carantoñas al muchacho y darle algún tentempié -pechuga de pollo 99% pollo-. Y bajar al LIDL a por, fundamentalmente, unas bombillas de LED para sustituir las de la campana. He tenido que hacer el viaje dos veces: en la primea vez, ya en la cola de caja, me he percatado de que había bajado sin dinero; en fin. Subir y bajar de nuevo, sin problemas.
Comida. Menú: Ensalada y bonito con tomate y un huevo cocido. Lo del huevo cocido ha sido un añadido de última hora, al fracasar en el marcado del bonito, que se ha pegado como una lapa a la sartén y me ha parecido que lo que quedaba sano era demasiado poca cosa como para comer con dignidad. Pero el veredicto de Raquel ha sido de "notable alto"; no lo ha dicho así de claro, pero yo así lo he entendido.
Con la tripa haciendo sus tareas digestivas a todo tren, nosotros cada cual a lo suyo, Raquel a la cama a descansar viendo tele, yo a mi sofá a seguir con mis lecturas niponas. He terminado de leer "Tokio Blues" y he comenzado la lectura de "Pechos y huevos", de Mieko Kawakami. Este último ha llegado de manos de Amazon a media mañana, además de un pantalón blanco para mí, para mis momentos yóguicos, y una botella de Vinagre de Arroz que es cosa mía, harto de los intensos vinagres habituales- por cierto que me ha gustado-. Y como he terminado el Tokio Blues, he contactado con Tachón; he quedado con el peque en que mañana me pasaré por Sani a devolverle el libro y a cogerle otro de Murakami que me comentó que tiene, «Kafka en la orilla».
A media tarde sale Raquel a su clase de Yoga, pero pasado cierto tiempo me llama para decirme que le había llamado Nerea, que estaba en Urgencias con Esther, que la había dado un ataque de los suyos, taquicardias y arritmias personalísimas, inescrutables para el común de los mortales, como sus extravagancias variadas; un ser singular, peculiar.
El caso es que la nena regresa conmigo ya acostado y medio dormido, y sin nada nuevo al respecto del síndrome que le ataca a su hermana. Parece ser que existe la posibilidad de que le apliquen un tipo de cirugía de poca monta en la que "queman" algunas terminaciones nerviosas en la zona del corazón, y tal y cual; ya me informaré mejor de este pormenor. En fin es todo lo que se me ocurre decir sin que se me note mucho lo que pienso.

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© Zalberto | enero - 2026