 Tras un vaporoso viernes se impone un sábado reflexivo y carbonohidratado; peripecias de la vida. En ello pusimos el empeño y logramos el objetivo: recuperar la calma en el espíritu -¿espíritu?-. La cuestión alimenticia está decidida: pasta con tomate. Es Raquel quien no puede estarse quieta y necesita caminar por el centro, por sus tiendas y a sus movidas cotidianas; ella se encarga de traer cosas del Mercadona, lo esencial: la pasta fresca. Yo me armo de valor y salgo al mundo; en el BM me aprovisiono de materiales y regreso al hogar. Comida, lo dicho: pasta fresca con tomate y chorizo. Qué rico por Dios. Durante la tarde me sumerjo en una lectura intensa en las páginas de «Lluvia pequeña», hasta que los ojos y la mente no logran mantener el enfoque; la novela me está interesando, tanto la música como la letra. Una tarde de... relax sabatino; Raquel en la cama viendo tele y en el salón... viendo tele -Sirat-. No se puede mejorar el escenario; tampoco la atmósfera. Cenamos una tortilla de espinacas baby -compradas por la nena en Mercadona- y tomate y pepino aliñados. Asunto SIRAT. Una porquería, una pérdida de tiempo. Un loa insensata del mundo canino flautil y de dios sabe qué movidas relacionadas con la guerra, la muerte, la libertad. Un quiero hacer algo inusitado... y lo consigo. En fin, mala, muy mala. |