 Con Maite desde las ocho hasta las nueve, moviendo pesas y estirando gomas elásticas; poniendo a tono los hombros, los brazos, la espalda y el pecho lobo. Y confieso que me he cansado bastante; será porque me he esforzado ¿?. Después me he duchado, para aliviar el aroma axial, y he salido con paraguas, chubasquero y carrito de la compra. He pasado en primer término por el LIDL, palidez indisimulada de crush indiferente, y he llenado el carro de botellas de agua con gas, de botellas de leche, de hortalizas, de yogures, y de una sudadera azulona que al probarla en casa he comprobado, con pesar, que me queda pequeña, y que mañana no me queda otra que pasarme de nuevo por allá a hacer la consecuente devolución, o el cambio en el caso de que queden tallas, que lo dudo; pero en fin, que me la sopla bastante el asunto. He vaciado el carro en casa y y he vuelto a la calle, a tirar basuras, a echar al buzón la funda del AliExpress para mi Pixel que me tangaron, y comprar arena en el Eroski, para que a mi gato no le falte de nada -ah, y cuatro latitas de sus favoritas-. He hecho una colada de color y he cocinado crema de calabacín, que me ha quedado de rechupete -el truco es usar el caldo de pollo de medio litro que suelo comprar en el BM-. De proteína he repetido pechuga de pavo adobada y asada en la Fryer. Una comida sana y sabrosa. Raquel está velando armas: mañana de primera hora sale volando a Madrid, con Luis Ríos y Pau, a sus cosas de telefónicos; se juntarán allá con dos valencianos, el Víctor y el Jorge, y pasarán un par de días de curso y ocio. La chavala está encantada, disfruta muchísimo con estas movidas; me encanta verla así. Durante la tarde ha salido a caminar por "sus tiendas" del centro porque siempre se puede encontrar algún elemento que le venga al pelo para su viajecito a Madrid; aunque no ha sido así y ha vuelto con las manos vacías. De regreso en casa le estoy esperando con sopa de calabacín y huevos escalfados, además del inevitable pepino y de los exquisitos tomates. Y sin demora a descansar, que mañana Raquel madruga -ni que decir tiene que la maleta no la ha preparado y tiene que darse el madrugón para ocuparse de ello y salir de casa en un manojo de nervios, como casi siempre, en fin-. En la cama seguimos viendo la serie «El refugio atómico». |