 La Camarilla tiene plan: han quedado para comer en un griego que conoce Raquel -estuvo hace poquito con su Tata-, el Grecocina, en Henao 30, en plena zona mogollón. Yo tengo cita en Trauko, en la BBK, con mi asistente personal, esta vez llamada Leire; por cierto que me comenta que mi anterior asistente, Olalla, sigue de baja y que parece que podía durar unos meses más, y me resulta evidente que no ha querido chismorrear y me deja con la intriga, aunque todo indica que es algo «mental». Voy dando un paseo, por la vieja ruta que hice tantas veces, un año desde Amadeo Deprit hasta la central, y unos cuantos años más, ocho o nueve, desde El Palomar hasta, también, la central de Archanda/Artxanda. Son las doce y cuarto pasadas cuando siento mis posaderas en la zona de espera del despacho de atención personalizada. Sin más. Después de muchas explicaciones, y tal y cual, hemos dejado varios puntos concretados: - En Diciembre le pido cita para pasar 4000€ del fondo de inversión para cubrir el desgaste mental.
Le he propuesto al peque que me acompañe para ver de hacer un plan de algún tipo para su futuro.
- En el primer trimestre del año hemos de vernos para establecer un sistema que me convenga para ir sacando tela del plan de pensiones.
- Pendiente cerrar el Seguro de Vida.
- Pendiente pasar el seguro del coche con la BBK para agruparlo con el del Hogar y aprovechar el descuento del 5% que viene aparejado.
No hay ninguna opción que me libre del bocado de Hacienda; pero no tengo intención de echarme a llorar. La Camarilla se reúne en la estación de Abando a eso de las dos y media. Raquel tiene que trabajar, obviamente. A mí no me hace tilín la idea de ocuparme de los de Arranku antes de la hora fijada, suponiendo que les dé por presentarse en Bilbao antes de ella, cosa posible e incluso probable. Para evitarme el problema opto por salir a caminar y a mirar tienda hasta acercarme a la hora de la quedada, cosa que hago. El descenso al Casco Viejo lo hago por las curvas del Ayuntamiento; está todo en obras, que ya era hora. Me paso por la calle Correo buscando el Tezenis que ya no existe; mala memoria. El Tezenis que me ha comentado Raquel es el que está en la Gran Vía, casi en la Plaza Elíptica. Lo del Tezenis viene a cuento de que han sacado a la venta sudaderas más bien ligeras, aptas para mi mundo de calores y agobios, jajaja. Y, efectivamente, me compro una de color negro, por 18€; muy bien. Aún es pronto por lo que hago tiempo en Lefties y en el FNAC. En este último veo unos auriculares Sony que me han molado, por unos 31€; hábilmente antes de lanzarme acomprarlos hecho un vistazo en Amazon: los tiene por 21€; madre mía. En mitad del FNAC hago la compra en Amazon de los auriculares en cuestión, unos Sony WI-C100, y me quedo más a gusto que un arbusto. Y estando en la planta de Libros del FNAC curioseando aquello, me llama la nena y me dice que está ya en la estación. Salgo y voy a su encuentro. No llevamos ni un minuto esterando a Ima y Pe y allá que aparecen. A comer. Antes de entrar al restaurante hay que echar un pote, no vaya a ser. En fin, que sobre las tres tomamos posesión de nuestra mesa y nos ponemos a la faena. Al centro todo. Ensaladillas, langostinos, albóndigas y dos musaka. Seré sincero: no llegan ni al aprobado, y no por malo sino por vulgar. Bebemos un blanco griego aromático y rico. Ni tan mal todo aquello. ¿Dónde iniciamos el bebercio sin control? Había plan de terraza en hotel, propuesta de Ima, pero ella misma la deshecha por noséqué. Menos mal que hay quorum: el bar de Juanjo. La moneda ya está echada y ha salido cara, jajaja. Areilza Berria. Cervezas a tutiplén. La mujer cubana y su Gran Danés. La rubita borracha y su Antón. Juanjo y yo discutiendo del tema de Gaza; lo más normal. Las chicas se preocupan cuando nos ven encendidos, pero nosotros nos tenemos pillado el punto y nunca pasa nada. Sobre las diez todos al metro; o las once, yo qué sé. Ellos se bajan en Abando para coger el tren y nosotros seguimos hasta el barrio. Una vez en Santutxu no crea nadie que nos metimos en casa de la misma, nada de eso, aún echamos unas cervezas en el de la muchacha bonita del bar que no sé cómo se llama ni me importa, otra donde Karim, que estaba su nuevo y patético socio, y creo que compramos unas latas supongo que donde la china. Total, que ya en casa la melopea de monumental y no nos sintonizamos, por lo que, no recuerdo la razón, me eché a dormir en el sofá, obviamente porque me enfadé con Raquel o ella conmigo, que ya digo que no lo recuerdo y que casi mejor. |