 El acontecimiento del día ha sido, sin lugar a dudas, la visita de la pareja para comer todos juntos; incluso el acontecimiento del mes, o del trimestre, o del año mismo. La cita se establece a la una y media; disponemos de casi toda la mañana para adecentar la casa y para preparar los manjares seleccionados. El zafarrancho no es de máximo nivel, sencillamente se pasa la aspiradora y un poco la fregona por las zonas más necesitadas, lo justo para que la casa se muestre agradable y aromática. Por supuesto que los chicos llegan a la hora fijada; puntualidad británica -esto no sé de dónde cojones sale... puta leyenda negra-. El peque tiene que traer la guitarra nueva para que la vea Raquel y saber si le gusta, para lo de sus prácticas musicales; y le gusta, no me extraña, es un modelo prefecto; han quedado en que el peque se encarga de encargarla -valga la rebundancia- y la nena le hace un bizum o similar. Los días previos se había optado por la opción comprar pollos asados en el GozoGozo, para simplificar la parte culinaria, pero en el último momento cambiamos el menú y eliminamos los pollos de la ecuación y organizamos todo de manera que hubiera sobre la mesa diferentes propuestas de las que ir picoteando cada cual a su gusto y a su ritmo; una sabia decisión, como después pudimos comprobar. Sobre la mesa. Tortilla de patatas -una de mis especialidades-. Tomate del país con mozzarella. Presa ibérica a la plancha. Ensalada de lechuga, rúcula y cebolleta. Espárragos de Navarra. Pimientos verdes. Los peques trajeron un bizcocho elaborado con almendra molida y huevos. Patri comió con ganas y sin hacer ascos a nada. Alberto también se puso las botas. Resumiendo, la parte gastronómica de la reunión fue un éxito total, menos mal. Terminada la comida hicimos café y charlamos un rato. Una sobremesa relajada y divertida. Patri me encanta; son todo luces, no hay sombras, y nada me puede hacer más feliz que ver a mi pequeño feliz y bien acompañado, y querido. Sobre las cuatro y media marchan a su casa a hacer el zángano, como merece la ocasión; nosotros hacemos lo propio, Raquel a la cama y yo a la butaca -y no se olvide que dispongo de perejil...-. Asunto perejil. Bajo donde Karim a eso de las once y poco; aún no ha llegado el perejil, por lo que subo de nuevo a casa a esperar a que me llame cuando la cosa esté donde ha de estar. Me llama Karim casi a la vez que estamos despidiendo a los chavales; bajo y recojo el paquete: se avecinan un par de días, o tres, un tanto alterados en sus costumbres. El perejil impone su ritmo sin contemplaciones. |