 Hoy la climatología se ha puesto en modo impredecible, y no sabemos qué ropa elegir para pasar el día en Jerez, donde Raquel ha reservado, y pagado -24€ por cabeza-, una visita guiada a la bodega Lustau, una visita "copa en mano". Yo, tras muchas dudas, elijo un calzado que se demostró totalmente inadecuado: las Dude de colores... En fin. Cogemos el tren en la estación de Renfe de Cádiz pocos minutos antes de las nueve y, pasando los tornos tarjetas recargables, vamos a Jerez, pasando por San Fernando, El Puerto de Santa María, Puerto Real, etc; 12 paradas. La llegada a Jerez sobre las nueve y media pasadas. Nos recibe una pertinaz llovizna, a ratos intensa y copiosa, que viene a ser lo mismo. Mi indumentaria no está bien elegida, sobre todo el calzado, ya que he optado por las Dude de colorines y tengo que reconocer que no son las más adecuadas si hay lluvia. Así que lo imperativo es buscar una tienda donde comprar calzado apto para día húmedo, y a buen precio. Por suerte me oriento bien en Jerez y en la calla peatonal del centro encontramos un Sfera, donde además de su negocio principal, la ropa, también venden zapatos a precios razonables: me compro un par de zapatillas azules marino, acolchadas y muy cómodas. A partir de ahí, de Sfera, las perspectivas del día se iluminan y todo parece más fácil. La visita a la bodega está contratada a las once y media. Haciendo tiempo damos un pequeño rodeo en el que mi objetivo es dar con el hotel donde nos alojamos con los flamenquis cuando estuvimos en la feria; y lo encuentro, soy la pera limonera -hay foto pendiente-. La visita es "copa en mano", lo cual resulta muy interesante, ya que en vez de cepillarse toda la cata del tirón al finalizar las explicaciones, en esta ocasión se va catando según se va conociendo la bodega y sus cositas. Muy divertido y muy cómodo. Terminada la visita, y sin pausa, nos vamos a toda prisa a la estación del tren para regresar a Cádiz, donde hemos decidido comer -pendiente aún la elección del restaurante-. Pero he aquí que la Renfe nos tiene preparada una sorpresa en toda regla: hay avería en algún lugar de las vías, quizás por las intensas lluvias, y los trenes llevan retrasos. Lo jocoso es que las informaciones que aparecen en los paneles resultan contradictorias y van cambiando al ritmo de los acontecimientos. Por suerte los andenes están repletos de chavalería estudiante que dan al ambiente un toque de tranquilidad que los adultos son incapaces de recordar; esto es para meditar, si en vez de chavalería aquello hubiera estado repleto de adultos, el ambiente habría sido insoportable, tenso y muy malhumorado. Por no dejarlo en el tintero: yo me siento muy cómodo rodeado de gente tan joven, por lo que sea. El caso es que tras muchos desconciertos, subidas y bajadas de un convoy que aparcó en el andén 4, subimos a un tren atestado de chavalas y chavales y emprendemos viaje a Cádiz. Al poco de arrancar la megafonía interior nos comunica que los que vamos a Cádiz nos tenemos que bajar en Las Aletas para esperar a otro tren que ése sí nos llevará a Cádiz -en el que subimos va a las Universidades-. En fin, que subimos en las Aletas al tren que aparece por allá, también hasta los topes de gente -por cierto que un chico negro me cede su asiento...-, y sobre las tres menos poquito ponemos pie en tierra en la tacita de plata. Raquel ha reservado sobre la marcha una mesa en el Confussione, a las tres y cuarto. A toda pastilla recorremos el trayecto desde la estación hasta el restaurante y llegamos a la hora exacta, perfecto para comer un plato de pasta con salsas de las típicas italianas. El resto del día en modo relax en el alojamiento, viendo youtubes de historia, del calcolítico, etc. Raquel sale a caminar sin rumbo -las opciones gaditanas dan lo que dan de sí-.
Notas.- Rubén se ha dado una galleta por correr sin control cuando iba a la cola del comedor. Le han dado 4 puntos en la rodilla. Las cosas del chaval. La mili. Calle Taxdirt Fernando Primo de Rivera. |