 Dominical perejileo. Domingo gatuno. A primera hora, tras las inevitables coladas que devienen de un largo viaje, nos ponemos guapos y salimos a buscar al chaval a casa de la Tata; yo me quedo esperando a Raquel e Indi en la calle, pues Esther tiene cancelada mi presencia en la suya -tampoco es que me joda, la verdad, sólo por la nena sufro-. Con el chaval en el transportín hacemos el regreso, y apenas se queja. Comemos garbanzos, que ya teníamos ganas de legumbre en condiciones. Y vemos tele y navegamos por la red. Y en los ratos nocturnos, mientras Raquel ve la tele en el cuarto, yo me fumo tres o cuatro petas, hasta caer derrengado en la cama; es dura la vida del porreta. |