Viernes herético
viernes, 21 de noviembre de 2025

No quiero hablar de esto, pero lo haré, aunque con escasas ganas y menos palabras. Habíamos reservado para comer en un chino sito en los soportales de los edificios caros de la plaza del Museo. De camino echamos un pote en el Casilda. Al salir, por desgracia, Raquel hace un comentario relativo a los planes de empapelado del despachito en el que me muestro reacio a meter mano al papel pintado del pasillo cuando sugiere pagar a alguien externo para que venga a hacer las ñapas; en esa línea añade: «y de paso que pinte los techos». Detrás de las palabras viene la indirecta en la que me deja en mal lugar porque siempre pongo pegas a lo de pintar los techos, por el mal estado, por el desmontaje de lámparas, por esas cosas. Raquel sabe todo, pero ella también es imperfecta y tira indirectas que hacen daño. El caso es que me he revuelto y le he dicho que eso suena «viejuno»; me pide que explique eso de «viejuno» y le contesto abriendo de par en par mi capacidad de sinceridad; le digo: «me has recordado a tu madre».
En fin, cagada vil; es más inteligente estar callado y dejar que haga quien tenga que hacer. Que venga el empapelador, que venga el pintor, que venga el antenista, que venga el perfecto JuanLuis. El dolor que siento cuando cae sobre mi espalda una indirecta de esa índole es de un calibre que no entiende quien no lleva toda la vida sacando adelante las ñapas del hogar, desde las fáciles hasta las difíciles.
[...]
El chino en cuestión está cerrado; pero cerrado «cerrado». Con los morros bien puestos optamos por ir al Old Shanghái; las ganas y la alegría ya no están. Al salir del restaurante la nena se despide de mí y se va a callejear sin rumbo; yo bajo al mundo subterráneo y regreso a casa, solo.
En casa me recibe Indalecio con ese amor tan inmenso que le desborda por los cuatro costados. Me pongo ropa de casa y rompo a sollozar; estoy hundido, sólo quiero que se termine este padecer. Todo por lo de siempre: que Esther me haya cancelado le ha supuesto un obstáculo insalvable, ella, que es tan experta en solucionar entuertos emocionales; ella. Lo cierto es que ese momento «viejuno» ha dejado la relación al borde del abismo, en equilibrio inestable. Lágrimas amargas, lágrimas y más lágrimas.

#restaurante - #oldsangai - #tristeza - #dolor - #lagrimas

© Zalberto | enero - 2026