Buen domingo casero
domingo, 23 de noviembre de 2025

Tranquilidad y buenos alimentos. La nena tiene metida en la cabeza la ida de cocinar guiso de carne de toda la vida, con su zancarrón, etc; pero todo eso es sólo una ensoñación, un recuerdo de algo que nunca sucedió, una utopía culinaria. Me da igual; todo me da igual -o casi todo- si veo a mi novia feliz, cocinando feliz, bebiendo feliz mientras cocina y también después; esto es lo importante: la esquiva felicidad cotidiana.
A media mañana hemos salido tirando del carrito de la compra, que portaba en su interior el relleno nórdico recién lavado en casa, para llegarnos a la lavandería de la calle Santutxu, en el cruce donde me suele dejar Jon cuando regresamos del monte. Mientras yo iba a la lavandería, Raquel se ha acercado al estanco sito en el cruce Prim Iturribide a comprar sus paquetitos de Terea; quedamos en el bar de junto al Piérolas a echar un pincho de tortilla con café con leche -muy excelente todo ello-. Seguido recogemos el relleno ya seco y regresamos a casa; hacemos una parada en Telenécora para que la nena se compre una botella de blanco «Tierra de Lobo» y una ración de caracolillos -caracolillos que a mí me tiene dicho que no le lleve, que Antonio los pone flojos y fríos, aunque se ve que si los compra ella todo eso desaparece o mejora ostensiblemente-. Y a casa.
Así que Raquel se encarga de preparar la comida del mediodía, la importante. Guisa ella la carne de vacuno -carne comprada en el Mercadona, ful en sí misma- con cuatro patatas de tamaño hermoso; las patatas le quedan exquisitas, la carne no tanto: está dura como el cuero duro. Da igual, como he dicho antes; da igual si todo son sonrisas y buenas sentimientos. Al terminar de comer y de recoger la cocina nos aposentamos en nuestros respectivos lugares habituales, Raquel en el dormitorio y yo en la butaca de la sala. Raquel me sorprende en los postres: me comunica que aún le queda un poco de perejil, lo último, y a mí me saca una sonrisa de oreja a oreja -estoy hecho un porreta sin remedio-. A eso de las siete y media me pongo yo con la cena: tortilla francesa y cuajada. La nena se acuesta y yo me quedo dándole hasta eso de las once y media. Un buen domingo casero. El tiempo es plenamente otoñal bilbaino, con su lluvia constante y sus temperaturas bajas pero sin pasarse, sin llegar a ser temperaturas "sorianas".

© Zalberto | enero - 2026