 En el corazón del Marquesado del Zenete, el Castillo de La Calahorra se alza a más de 1.200 metros de altitud sobre una colina que domina toda la comarca. A primera vista, su perímetro amurallado y sus cuatro torres cilíndricas le confieren el aspecto de una fortaleza defensiva; sin embargo, tras esos muros se esconde uno de los primeros palacios renacentistas que se construyeron en España.
Mandado levantar a comienzos del siglo XVI por Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, primer marqués del Zenete, el edificio se concibió como un proyecto rompedor para su tiempo: una fortaleza moderna que albergara un palacio de nuevo gusto humanista. La decoración se completó entre 1509 y 1512, reutilizando parte de la piedra de la antigua fortaleza árabe del cerro y recurriendo a materiales y artesanos italianos, responsables de los mármoles, galerías y programas escultóricos del interior.
El contraste no puede ser mayor: frente a la sobriedad exterior, el visitante descubre patios de mármol, elegantes escalinatas, galerías abovedadas y una rica iconografía de portadas y vanos que hablan del primer Renacimiento en la arquitectura civil española. Esta mezcla de arquitectura militar y estética palaciega convierte al castillo en una pieza singular dentro del patrimonio andaluz.
A lo largo de los siglos, el enclave ha tenido un papel estratégico en la defensa del territorio y ha sido testigo de episodios clave, como las revueltas de las Alpujarras. Desde sus terrazas, la vista se abre sobre el amplio llano del Marquesado, con la cara norte de Sierra Nevada como telón de fondo, una panorámica que en invierno se vuelve especialmente sobrecogedora.
El encanto invernal La reciente apertura al público del castillo por parte de la Diputación de Granada, ha permitido retomar las visitas de forma organizada. En esta primera fase, el castillo se recorre exclusivamente mediante visitas guiadas gratuitas de unos 40 minutos, en grupos reducidos de hasta 30 personas y con reserva previa obligatoria.
Los fines de semana -especialmente los puentes de otoño y el periodo pre y navideño- se perfilan como el mejor momento para descubrir el monumento: la luz oblicua resalta la textura de la piedra, las cumbres de Sierra Nevada suelen lucir nieve y el ambiente es mucho más tranquilo que en los grandes focos del turismo granadino. El horario de apertura se concentra actualmente en viernes, sábados y domingos, con franjas de mañana y tarde, y un aforo semanal que ronda las 22 visitas y unas 660 personas.
Para completar la experiencia invernal, nada como subir a pie por la antigua senda que llevaba a señores y criados hasta el palacio, hoy convertida en un agradable paseo con vistas al llano del Marquesado, a los almendros y a las antiguas canteras de donde salió la piedra del castillo.
Una escapada completa al Marquesado del Zenete La visita al castillo es el eje perfecto de una escapada de día completo o de fin de semana por el Marquesado del Zenete. La propuesta puede arrancar en el propio pueblo de La Calahorra, de aire señorial y trazado heredado de la época musulmana, con un paseo sosegado por sus calles hasta la plaza del Ayuntamiento. Desde allí, merece la pena acercarse a la iglesia de la Anunciación, templo mudéjar del siglo XVI, y a la fuente de origen medieval, antes de emprender la subida al castillo.
Tras la caminata, llega el momento de sentarse a la mesa. El frío de la altitud se combate aquí con una cocina poderosa y muy de invierno: migas, tajas adobadas, el sustento -un guiso de patatas, costillas, ajo y chorizo- o el rin-ran, que deja ver la huella morisca en la tradición culinaria local. A ellos se suman las sopas colorás con panecillos, el bacalao en salsa y una amplia repostería casera, desde el pan de Calatrava calahorreño hasta dulces tan llamativos como los ‘falsos huevos’ o los boladitos de calabaza.
Quien disponga de más tiempo puede completar la escapada con una incursión al Puerto de la Ragua, puerta de entrada a las altas cumbres orientales de Sierra Nevada y pequeño paraíso para el esquí, las raquetas de nieve o, simplemente, una caminata por sus bosques de pinos nevados. En los alrededores, las antiguas minas, los pueblos del Marquesado con sus iglesias mudéjares y los campos de almendros conforman un paisaje ideal para rutas en coche o a pie.
Entre chimeneas encendidas, platos de cuchara y un castillo que permite asomarse al Renacimiento italiano sin salir de Granada, La Calahorra se consolida como una escapada diferente para la temporada navideña. |