 Raquel saca un rato en su labor mañanera para ir conmigo a la tienda tapicería al objeto de elegir el tejido para la butaca italiana. Salimos previo pincho y caldo en el Piérolas; bar que no se merece nuestra visita, los estándares de calidad y de trato al cliente dejan mucho que desear, es decir... ya no son lo que eran. La tapicería nos la encontramos cerrada; suponemos que habrán aprovechado las fiestas próximas para tomarse un descanso, pero podían haberlo avisado, no sé cuándo ni a quién, je. Así que antes de subir a casa nos echamos otro caldo y otro pincho en el Jarritas. Raquel se queda en casa entregada a sus funciones de coordinación y yo carrito en mano me voy al BM a por provisiones: hay varios festivos en ciernes, el sábado 6 se conmemora la Constitución del 78, el domingo es domingo y el lunes se festeja a la Inmaculada Concepción, su virginidad superficial y su misterio mágico. Por cierto que Raquel ha estado asesorando a la camarilla que quiere pasar las navidades en Ávila; les ha encontrado una casita preciosa en los alrededores de la capital donde van a pasar las noches del 23 y 24, la del 25 la pasan en El Arenal en casa de Venancio y las del 26 y 27 quieren pernoctar en Salamanca (esto está sin definir). Mientras esto sucede, en casa se abren botellas de Protos Verdejo y de Barbadillo onubense, y se cocinan los elementos para preparar unas hermosas hamburguesas. En efecto, se bebe más de la cuenta, pero no mucho más ya que sesteamos tranquilamente: Raquel en la camita y yo en la butaca. Me he dado el gusto de escuchar en calma los primeros cortes de The Lamb Lies Down on Broadway. El resto del día se sobrevive confiando en nuestras mañas y subterfugios. Para cenar hago unas tortillas francesas de nada. Un día interesante. A la Tata le he mandado un WhatsApp rogándole perdón; lo ha leído pero sin respuesta; en fin. |